
En el momento histórico que vivimos se produce un desajuste entre el modelo de sociedad deseado y la realidad económica que se vive. Este enfrentamiento entre el plano normativo social y la economía positiva necesita del recurso a la ética o moral social como guía de actuación y ayuda para la búsqueda de fórmulas o soluciones que permitan compatibilizar las posiciones contrapuestas.
La economía y sociedad del siglo XXI se caracteriza por una globalización de los mercados, lo que ha posibilitado el aumento del tamaño de las empresas, de forma que un número importante de ellas ha sobrepasado los límites nacionales para alcanzar una dimensión internacional, o en un lenguaje más al uso, multinacional, todo ello facilitado por la aparición del capitalismo financiero.
La actividad de estas empresas ha trascendido el mero campo económico para afectar con sus decisiones al ámbito social, medioambiental e, incluso, político, ya que su influencia en la economía del país ha pasado a ser muy relevante en temas relativos a la producción, la competencia, el empleo, las condiciones laborales, la exportación, el medio ambiente o la paz social.
No es de extrañar, por tanto, que en este contexto grupos sociales concienciados, académicos e incluso políticos hayan comenzado a cuestionarse más activamente desde finales de los 90 el papel actual de la empresa en la sociedad y reivindiquen una mayor participación en la gestión considerando que los propietarios no son los únicos afectados por la marcha de las empresas y que debe tenerse en cuenta también los intereses de otros grupos implicados, directa o indirectamente, en la actuación de estas unidades de producción.
Esta nueva visión del papel de la empresa en la sociedad y la economía responde al nombre de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) o con más precisión en nuestro idioma Responsabilidad Social de la Empresa (RSE).
Y dentro del mundo empresarial y de la economía actual un papel trascendental para el desarrollo lo ocupa la industria financiera. No hay más que ver las consecuencias que una inadecuada gestión de estas instituciones y sus riesgos está teniendo sobre la economía real en la actualidad. La repercusión que la conducta y decisiones que toman los intermediarios financieros tienen en el corto, medio y largo plazo, en el desarrollo económico, social y medioambiental es trascendental.
Este fue el tema que se trató en la lección inaugural del curso del Centro Asociado de Calatayud a cargo de la profesora de la UNED Marta de la Cuesta, Directora de la Cátedra Telefónica de Responsabilidad Corporativa y Sostenibilidad el día 28 de octubre en el marco incomparable de la Iglesia de San Pedro de los Francos. La lección se centró de en conocer cómo el sistema financiero influye en el modelo de desarrollo y qué buenas y malas prácticas de este sector determinan el futuro de nuestra sociedad. En concreto se analizaron los factores que definen hoy la sociedad actual y que permiten entender el papel y la responsabilidad social que se reclama a la empresa en la construcción de un desarrollo más sostenible. A partir de ahí se prestó especial atención en conocer el papel que juegan las instituciones financieras en el desarrollo sostenible y la contribución de las finanzas al desarrollo, examinando los aspectos fundamentales de la RSE en el sector financiero. Para finalizar, y a la luz de la crisis financiera actual, se abordaron algunas cuestiones a vigilar para evitar caer en el mismo error y aprender de la experiencia.